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Trágica temporada de lluvias en Centroamérica

Normalmente la temporada de lluvias en Centroamérica, comienza en mayo y termina en octubre, este año inició y finalizó con tragedia. En los meses de mayo y junio El Salvador sufrió los severos impactos de dos tormentas tropicales consecutivas, Amanda y Cristóbal, que ocasionaron 30 personas fallecidas, cientos de casas destruidas, puentes dañados, calles obstruidas por deslizamientos de tierra y miles de familias evacuadas y llevadas a albergues improvisados.

La tragedia se repitió la noche del jueves 29 de octubre. Debido a las intensas lluvias una fuerte corriente de agua, lodo y gigantescas rocas bajó desde la parte alta del volcán de San Salvador y arrastró árboles y viviendas a su paso. El alud rebasó una autopista hasta llegar a una quebrada que cruza por la comunidad Los Angelitos, del municipio de Nejapa, al norte de San Salvador. en donde sepultó decenas de viviendas y causó la muerte de nueve personas.

El desastre en Nejapa ocurrió a solo tres días de la llegada del Huracán Eta a las costas de Centroamérica, Eta arremetió con furia en la región. Su paso fue devastador donde se reportaron más de 150 personas fallecidas y un número similar de desaparecidos, además de heridos, casas destruidas, bienes materiales perdidos en un ambiente desolador para miles de familias. 

Por si eso fuera poco, a solo una semana después el Huracán Iota completó la desgracia con un saldo de 38 personas fallecidas y considerables daños materiales. 


Las pérdidas que ocasionan estos eventos, no ocurren únicamente por la intensidad de las lluvias o la fuerza de los vientos. Cuando el fenómeno se combina con la pobreza y la consecuente vulnerabilidad en la que vive la población, surge el desastre. Por ejemplo, en la comunidad Los Angelitos de Nejapa, los estudios de suelo y riesgo dicen que nadie debería vivir en ese lugar y sin embargo, estaba habitada por unas 100 familias, que llegaron ahí empujadas por la pobreza.

Igual o peor es la pobreza en la que viven las comunidades de la costa atlantica de Honduras y Nicaragua, pobreza que también se evidencia en las imágenes de las comunidades indígenas de Guatemala sepultadas e inundadas por el Huracan Eta.

Otro factor que incide es la forma como desde las instituciones gubernamentales se enfrenta la situación, si la acción es preventiva o si las acciones únicamente se concentran en atender las consecuencias. Los escenarios futuros indican que el cambio climático continuará impactando la región, ojalá la dolorosa experiencia de este año ayude a diseñar verdaderos planes de gestión de riegos y sistemas efectivos de protección civil que funcionanen de forma articulada para toda Centroámerica.

[http://www.102nueve.com]

Trágica temporada de lluvias en Centroamérica 

Normally the rainy season in Central America begins in May and ends in October, this year it began and ended with tragedy. In the months of May and June, El Salvador suffered the severe impacts of two consecutive tropical storms, Amanda and Cristóbal, which caused 30 deaths, hundreds of houses destroyed, damaged bridges, streets obstructed by landslides and thousands of families evacuated and taken away. to makeshift shelters.

Tragedy repeated itself again on the night of Thursday, October 29. Due to the intense rains, a strong current of water, mud and gigantic rocks came down from the top of the San Salvador volcano and dragged trees and houses in its path. The avalanche crossed a highway until it reached a ravine that crosses the Los Angelitos community, in the municipality of Nejapa, north of San Salvador, where it buried dozens of homes and killed nine people.

The disaster in Nejapa occurred just three days after the arrival of Hurricane Eta to the coasts of Central America, which devestated the region, where more than 150 people died and a similar number of disappeared, in addition to countles injuries, destroyed houses, and material goods lost in a desolate environment for thousands of families.

As if that were not enough, just a week later Hurricane Lota completed the disaster with a death toll of 38 people and considerable material damage. 

The losses caused by these events do not only occur due to the intensity of the rains or the strength of the winds. When the phenomenon is combined with poverty and the consequent vulnerability in which the population lives, disaster arises. For example, in the Los Angelitos community of Nejapa, soil and risk studies say that no one should live in that area and yet it was inhabited by about 100 families, who arrived there driven by poverty.

Equal or worse is the poverty in which the communities of the Atlantic coast of Honduras and Nicaragua live, a poverty that is also evident in the images of the indigenous communities of Guatemala buried and flooded by Hurricane Eta.

Another factor that has an impact is the way in which government institutions deal with the situation, if the action is preventive or if the actions are only focused on addressing the consequences. Future scenarios indicate that climate change will continue to impact the region. Hopefully this year’s painful experience will help to design true risk management plans and effective civil protection systems that work in a coordinated manner for all of Central America.

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