Corruption, El Salvador Government, ElectionSV2021, human rights, News Highlights

A BLOW TO DEMOCRACY IN EL SALVADOR

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With urgency and with little consideration, the new Legislative Assembly, which took office on May 1st, decided to dismiss the magistrates of the highest Constitutional Court of El Salvador. These are the same judges who in the past issued resolutions to regulate the overareaches of Executive power during the pandemic and who had not been well-liked by President Nayib Bukele.

Salvadoran law establishes that the Legislative Assembly is empowered to remove magistrates; however, this type of decision must follow a process based on specific causes established in the Constitution itself. The fact that President Bukele disagreed with the resolutions passed by the Supreme Court is not a legal reason to have the entire apparatus removed.

Immediately after the dismissal, the Assembly appointed new magistrates to take office. And just like that, the new judges entered the building of the Supreme Court of Justice, accompanied by high ranking members of the National Police. The Assembly then proceeded in the exact same way to replace the Attorney General of the Republic.

Due to the harassing manner, the unjustified causes and the illegality of these decisions, reactions were swift. International organizations, lawyers, social organizations, universities and opposition parties denounced this as an attempted coup by the Legislative Assembly, with orders coming directly from the top.

In this regard, the Salvadoran human rights defender and former candidate for the secretariat of the Inter-American Commission on Human Rights (IACHR), Celia Medrano, stated: “For those who still had doubts about the consequences of giving more power to those who already had it, or for those who still await restrained actions from an executive branch that has already tried to coerce another organ of the State with military force; what happened this May 1st makes clear that the last pillar of weak democratic institutions in the country is the next to be dismantled to build on total power.”

High officials of the United States government have also expressed their concern over the Assembly’s actions. for example, Juan S. González, the special assistant to POTUS, tweeted a forceful message on his Twitter account: “That’s not how it’s done.”

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Vice president Kamala Harris also spoke out and her message was: “We have a deep concerns about El Salvador’s Democracy, in light of the National Assembly’s vote to remove constitutional court judges. An independent judiciary is critical to a healthy democracy – and to a strong economy.”

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On the same Saturday night, US officials warned that relations with El Salvador could deteriorate. “A strong US-El Salvador relationship will depend on the government of El Salvador respecting the separation of powers and submitting to democratic norms,” ​​Julie Chung, Acting Secretary of the State Department for the Western Hemisphere, said on Twitter.

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For its part, in an official statement released on their social networks, the Organization of American States (OAS) expressed that it also rejects the dismissal of the magistrates of the Constitutional Chamber of the Supreme Court of Justice and that of the Attorney General, Raúl Melara, as well as the actions of the Executive Branch that guided these decisions.”

Faced with this situation, recognized Salvadoran civil society organizations have called on the population to mobilize in order to defend democracy. In response to this call, hundreds of people gathered this Sunday in the place known as “Monument to the Constitution” and massive mobilizations are expected to continue in the coming days.

A few hours later, members of the dismissed Constitutional Chamber issued a declaration of unconstitutionality of the legislative decree, thus annulling the decision that dismissed them, which of course is adding uncertainty to the growing tense political situation in the country.

However, three of the dismissed magistrates have submitted their resignation, as has the Prosecutor, which makes it more likely that this blow to the already weakened Salvadoran democracy will be consolidated and that the new Legislative Assembly will continue to maneuver in line with the interests of the President in order to concentrate his power, regardless of legality or legitimacy.


dd58f32f621bbe56a711c979ccd31498La juramentación de los nuevos magistrados [diario del hoy]

GOLPE A LA DEMOCRACIA EN EL SALVADOR

Con urgencia y sin mayor estudio la nueva Asamblea Legislativa, que tomó posesión el pasado 01 de mayo, decidió destituir a los magistrados del máximo tribunal Constitucional de El Salvador. Los mismos jueces que en el pasado emitieron resoluciones para regular los abusos de poder del Ejecutivo durante la pandemia y que no habían sido del agrado del presidente Nayib Bukele

La ley salvadoreña establece que la Asamblea Legislativa está facultada para destituir a los magistrados; no obstante, este tipo de decisiones debe seguir un proceso teniendo a la base causas específicas establecidas en la misma Constitución. El hecho que el presidente Bukele no esté de acuerdo con sus resoluciones no es una razón legal para destituirlos.

Luego de la destitución, la Asamblea nombró a nuevos magistrados, quienes posteriormente ingresaron al edificio de la Corte Suprema de Justicia para tomar posesión de sus cargos, acompañados de las más altas autoridades de la Policía. Seguidamente La Asamblea procedió de la misma forma para sustituir al Fiscal General de la República.

Por la forma atropellada, por las causas injustificadas y por la ilegalidad de estas decisiones, las reacciones no se hicieron esperar; organismos internacionales, abogados, organizaciones sociales, universidades y partidos de oposición denuncian un intento de Golpe de Estado por parte de la Asamblea Legislativa, planificado desde Casa Presidencial.

Al respecto, la defensora de derechos humanos y excandidata a la secretaría de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la salvadoreña Celia Medrano, manifestó: “Para quienes aún tuvieran dudas de las consecuencias de dar más poder a los que ya lo tenían, o para quienes aún esperen acciones comedidas desde un poder Ejecutivo que ya había intentado coaccionar con fuerza militar a otro órgano del Estado; lo sucedido este primero de mayo deja en claro que el último pilar de la débil institucionalidad democrática en el país, es el siguiente en ser desmantelado para construir sobre el poder total”.

También altos funcionarios del gobierno de los Estados Unidos han manifestado su rechazo, por ejemplo, el asistente especial del presidente de los Estados Unidos, Juan S. González, publicó un mensaje contundente en su cuenta de Twitter: “así no se hace”. De igual forma la vicepresidenta, Kamala Harris se pronunció y su mensaje fue: “Tenemos una profunda preocupación por la democracia de El Salvador, a la luz del voto de la Asamblea Nacional para destituir a los jueces de la corte constitucional. Un poder judicial independiente es fundamental para una democracia sana y para una economía fuerte”.

La misma noche del sábado, funcionarios estadounidenses advirtieron que las relaciones con El Salvador pueden deteriorarse. “Una fuerte relación EEUU-El Salvador dependerá de que el gobierno de El Salvador respete la separación de poderes y se someta a las normas democráticas”, dijo en Twitter, Julie Chung, secretaria en funciones del departamento de Estado para el Hemisferio Occidental.

Por su parte la Organización de Estados Americanos expresó que rechaza la destitución de los magistrados de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia y la del Fiscal General, Raúl Melara, así como las acciones del Poder Ejecutivo que guiaron esas acciones”, dice un comunicado oficial divulgado en sus redes sociales.

manifestacion-contra-golpe-en-asamblea01 [ElSalvador.com]

Ante esta coyuntura reconocidas organizaciones de la sociedad civil salvadoreña han hecho un llamado a la población a movilizarse para defender la democracia, atendiendo este llamado cientos de personas se concentraron este domingo en el lugar conocido como “Monumento a la Constitución” y se esperan movilizaciones masivas en los próximos días.

Además, la misma Sala Constitucional destituida, unas horas después, emitió una declaratoria de inconstitucionalidad del decreto legislativo, anulando de esta forma la decisión que los destituyó, lo cuál agrega incertidumbre a la tensa situación política del país.

Sin embargo, tres de los magistrados destituidos han presentado su renuncia, de igual forma lo ha hecho el Fiscal, lo cual hace más probable que se consolide este golpe a la ya debilitada democracia salvadoreña y que la nueva Asamblea Legislativa continúe maniobrando alineada al interés del presidente, para poder concentrar poder, sin importar la legalidad ni la legitimidad.

Agua/Aqua, Climate Change, Corruption, Disasters, Economy, El Salvador Government, Environment, Food Security, Water/Agua

El Conflicto por el Agua en El Salvador

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[www.theguardian.com]
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El 22 de diciembre de 1992 la Asamblea General de Las Naciones Unidas decretó que cada 22 de marzo se celebraría el Día Mundial del Agua, fecha importante porque constituye una oportunidad para aprender sobre el agua y valorar su importancia en la naturaleza y en la sociedad.

En países como El Salvador el Día Mundial del Agua también es una fecha para inspirar la lucha de la sociedad civil por el derecho humano al agua, considerando que se enfrenta una profunda crisis hídrica. Según el Fondo Ambiental de El Salvador, FONAES, es el único país en la región centroamericana que se encuentra cercano a una situación de estrés hídrico, lo que lo sitúa entre los países de Latinoamérica y el Caribe con más baja disponibilidad de agua por habitante.

La principal causa es la destrucción del bosque y la biodiversidad; la tala de zonas boscosas ha sido una práctica sistemática, muchos lugares que producían agua limpia y aire fresco ahora son gruesas capas de asfalto y concreto. Las pocas áreas forestales de El Salvador apenas constituyen el 1% del bosque centroamericano.

Otra causa de la crisis hídrica es la contaminación de los ríos y en general de las fuentes superficiales de agua. Este nivel de degradación de las fuentes, tanto subterráneas como superficiales, tiene que ver con procesos históricos de sobreexplotación de los bienes naturales con fines de acumulación de capital, facilitados por la complicidad o negligencia del Estado.

En la actualidad el agua es motivo de conflicto, porque la poca agua existente la disputan las empresas y las comunidades, tal es el caso del municipio de Nejapa que posee uno de los principales acuíferos del país y que por esta razón empresas como la Coca Cola se ha instalado en el lugar, según la investigadora y activista ambiental Marta Muños la empresa Coca Cola extrae el 15% de toda el agua del municipio, sin pagar ningún tipo de impuesto, lo más lamentable de este caso es que mientras dicha empresa comete este abuso, cientos de familias aledañas a la fabrica embotelladora, no tienen acceso al agua.

Similar situación ocurre con los cultivadores de caña de azúcar en la costa salvadoreña, que instalan potentes motores para extraer del subsuelo cantidades exorbitantes de agua para riego de grandes extensiones del monocultivo, al mismo tiempo que los agricultores carecen de agua para sus pequeñas parcelas.

Esta realidad podría ser diferente de aprobarse una Ley General de Aguas que durante los últimos 15 años diversas organizaciones de la sociedad civil han venido proponiendo y exigiendo; una ley que asegure que la prioridad en el uso del agua sea el consumo de la población y no el negocio de las grandes empresas, pues el acceso al agua es un derecho humano básico, lo que requiere que las decisiones de cómo se gestionan y asignan los bienes hídricos deben ser tomadas por el Estado, teniendo como prioridad el consumo humano y garantizando que aún aquellos que son incapaces de pagar tienen el agua que necesitan para vivir con dignidad.

No obstante, Por mucho tiempo la derecha legislativa y empresarial han maniobrado para promulgar una ley que entregue la gestión del agua a una entidad controlada por intereses privados, lo que equivale a convertir el agua en una mercancía o en todo caso, a designar su uso a medida y conveniencia de la gran empresa privada.
Aunque existen expectativas que los nuevos actores políticos en la Asamblea Legislativa aprueben la Ley General de Aguas, está claro que los grupos de poder no van a desistir de su interés de privatizar el agua. Le corresponde al pueblo estar prevenido y no permitir, que intereses privados se apropien del control del agua.

Según el Foro del Agua existen cinco principios fundamentales que debe comprender una Ley General de Aguas: Garantía del derecho humano al agua; prioridad para el consumo humano y no de las empresas; gestión pública del agua; gestión sustentable de las cuencas hidrográficas; y un régimen económico justo y equitativo.

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[www.trocaire.org]

Conflict over Water in El Salvador

 

On December 22, 1992, the United Nations General Assembly decreed that every March 22 would be celebrated World Water Day, an important date because it constitutes an opportunity to raise awareness about water and its importance in nature and in society.

In countries like El Salvador, World Water Day is also a date that inspires the civil society to fight for the human right to water, considering that it we are facing a profound water crisis. According to the Environmental Fund of El Salvador (FONAES), this is the only country in the Central American region that is close to a situation of water stress, placing it among the countries in Latin American and Caribbean with the lowest availability of water per inhabitant.

The main cause of this dilema is the destruction of the forest and biodiversity. Because logging has become such a systematic practice, many places that produced clean water and fresh air are now thick layers of asphalt and concrete. The few forest areas in El Salvador make up only 1% of the Central American forest.

The contamination of rivers and in general of surface water sources is another cause of the water crisis. This level of degradation of the few groundwater and surface sources left, has to do with historical processes of overexploitation of natural assets for capital accumulation purposes, facilitated by the complicity or negligence of the State.

Currently, water is a source of conflict in El Salvador because the small amounts of usable water that is left is being disputed by companies and communities. Such is the case of the municipality of Nejapa, which hosts one of the main aquifers in the country and because of this companies such as Coca-Cola have installed their factory there. According to the researcher and environmental activist Marta Muños, the Coca-Cola company extracts 15% of all potable water in the municipality, without paying any type of tax, and yet the most unfortunate thing about this case is that while said company commits this abuse, hundreds of families surrounding the bottling factory don’t have access to water.

A similar situation occurs with industrial sugarcane growers on the Salvadoran coast, who install powerful motors to extract exorbitant amounts of water from the subsoil to irrigate large tracts of monoculture, while at the same time making it impossible for local farmers to maintain their small plots.

This reality could be different however, if the General Water Law, which various civil society organizations have been proposing and demanding over the last 15 years, was approved. This law ensures that the consumption of water by the normal population has priority over the water consumption of large companies. Since access to water is a basic human right, it requires the State to make strategic decisions on how to manage and assign water assets and ensuring that even those who are unable to pay have the water they need to live with dignity.

Unfortunately for normal Salvadorans, for a long time the legislative and business right have maneuvered to enact a law that hands over water management to an entity controlled by private interests, which is equivalent to converting water into a commodity or, in any case, to restrict its use. to measure and convenience of the large private company.

Although there are expectations that the new political actors in the Legislative Assembly will approve the General Water Law, it is clear that their are powerful entities behind the scenes that are not going to give up their interest in privatizing water easily. It is the responsibility of the people to be forewarned and to not allow private interests to take control of the water.

According to the Water Forum, there are five fundamental principles that a General Water Law must include: Ensuring the human right to water; Prioritizing water for human consumption and not for companies; Proper public water management; Sustainable management of hydrographic basins; and a fair and equitable economic regime.

El Salvador Government, ElectionSV2021

Webinar Elections El Salvador – Feb24,2021

FACEBOOK: https://www.facebook.com/voicesontheborder/live

FacebookLive: https://www.facebook.com/voicesontheborder/live
For interpretation: https://forms.gle/zDW76TjaxxwMjZmXA

Coyuntura Electoral: Derechos Humanos y Medio Ambiente

Ponentes:
Miguel Angel Ventura
Líder histórico de la teología de la liberación en El Salvador
Estudió Filosofía y Teología en el Seminario Católico “San José de la Montaña” en San Salvador. Trabajó para formar Comunidades Eclesiales de Base Salvadoreñas (CEB) junto a Monseñor Oscar A Romero. Desde 1981, ha brindado atención pastoral a la gente de Morazán, y actualmente acompaña a la CEB de la Comunidad Segundo Montes mientras se desempeña como promotor educativo del campus satélite de Morazán de la Universidad Nacional.
+
Karen Ramírez
Química farmacéutica, bióloga y luchadora social con mas de 20 años en calidad de agua y salud comunitaria desde las determinantes sociales. Inició voluntariado con PROVIDA en 1998 durante la emergencia del Huracán Mitch para verificar la calidad del agua en el Bajo Lempa. Actualmente se desempeña como gerente del programa de Desarrollo Territorial de Asociación de Ayuda Humanitaria PRO VIDA.
Para registrarse: https://forms.gle/zDW76TjaxxwMjZmXA


The Electoral Climate: Human Rights and the Environment

Speakers
Miguel Angel Ventura
He studied Philosophy and Theology at the Catholic Seminary “San José de la Montaña” in San Salvador. He worked to form Salvadoran Ecclesial Base Communities (CEB) alongside with Monsignor Oscar A Romero. Since 1981, he has provided pastoral care to the people of Morazán, and currently accompanies the CEB of Community Segundo Montes while laboring as the Educational Promoter for the National University’s satellite campus in Morazán.
+
Karen Ramirez
Pharmaceutical chemist, biologist and social activist with more than 20 years in water quality and community health from social determinants. She began volunteering with the Humanitarian Association PRO VIDA in 1998 during the Hurricane Mitch emergency to verify water quality in Bajo Lempa. She currently works as PRO VIDA’s manager of the Territorial Development program.

To register: https://forms.gle/zDW76TjaxxwMjZmXA

English interpretation will be available, via ZOOM, to those that register beforehand.

Climate Change, Economy, El Salvador Government, Environment, International Relations, News Highlights, U.S. Relations

What has happened with “Fomilenio II” in El Salvador?

[fomilenioii.gob.sv]

READ IN SPANISH

The government of the United States, like other entities with transnational reach—such as the World Bank, The International Monetary Fund, and the European Union—have worked for decades to foment economic development and poverty reduction in “third world” or “developing” countries”. The US state has demonstrated a special interest in the development and stability of the Central American region, given its proximity and subsequent geopolitical importance. As a result, in countries such as El Salvador, billions of dollars have been invested since the 1960s in projects designed to foment “progress”, “reduce poverty”, “promote democracy”, “consolidate peace”, and most recently, to “prevent violence”, and “eradicate poverty” through a development model that seeks to incorporate the country into the global economy. These foreign investments—always in combination with the organized efforts of the Salvadoran people—have led to certain advances in the well being of the population. Nevertheless, El Salvador continues being a country with much poverty, much violence, a democratic deficit, and disastrous levels of economic inequality. This is to say that the dominant model of development—which has certainly been consolidated in El Salvador—has Benefited the very few, while it has exploited, marginalized, or expelled the vast majorities. 

Instead of changing this development model which has systematically produced poverty and inequality in the first place (and which many call “neoliberal”, for privileging the free market above and beyond other interests or factors), the recent decision of the foreign aid institutions of the US government has been to more holistically incorporate the countries who receive aid programs into the responsibilities around financing and executing these programs: that the poor countries gain “ownership” over the processes of their own development. The thinking of the US is that if these countries have to put their own money toward development programs, there won’t be as much money wasted, their won’t be as much corruption, and the poor countries will eventually no longer be poor, but rather equal counterparts in an interconnected global economy that is mutually beneficial to all, and will also no longer be sources of instability, migrants, and violence.  

And so, during the administration of George W. Bush, at the beginning of the 2000’s, the US government began implementing Millennium Challenge Account Funds across the world. These funds were not simply donations for developing countries, but rather contracts by which the funds-receiving countries had to put their own funds toward these development projects, though they would still be primarily financed by the US. Furthermore, the receiving countries would have to comply with certain requirements—such as respect for free expression, transparent democratic procedures, and the elimination of corruption, among other things—in order to continue receiving the necessary funds from the US to conclude their development projects. 

Given its close relationship with the US, El Salvador was chosen to receive a first Millennium Challenge Account fund in 2007, under the administration of Tony Saca. The funds from this contract were aimed at impacting the northern zone of the country, where the majority of the financing would go toward the construction of a “longitudinal highway” that would more effectively connect this region with the rest of the country and with neighboring countries so as to facilitate commerce, connectivity, and the continuing insertion of El Salvador into the global economy. 

The implementation of this project generated resistance from many communities residing in the northern part of the country, who feared that these infrastructural projects would destroy their communities and their livelihoods, including rivers, water sources, and farmlands. Nevertheless, the project was completed in its totality. The communities that had most resisted the construction of the highway—and who even had called it a “project of death”—eventually managed to negotiate an acceptable route for the highway that would avoid major environmental and social damages. From the institutional side, the Salvadoran government had managed to comply with all of the financial and institutional requirements that the Millennium Challenge Account Fund had demanded of it. From the perspective of ordinary inhabitants of rural communities across the region however, the project did little to change or improve their daily lives, but did bring in new, outside, trans-locally linked actors, and in broader terms, the project further deepened the neoliberal model in the region. 

By the time the first “Fomilenio” was being concluded across the northern belt of El Salvadoran in late 2012, the US and Salvadoran governments were planning the implementation of a second Fomilenio project, this one to be aimed at the southern, coastal region of the country. There too, the objective of the project as a whole would be to reduce poverty through the economic growth, as a means to the end of increasing the productivity and competitiveness of the country in international markets. 

“Fomilenio II” began on September 9, 2015 and finalized in September of 2020. It was financed with $277 million dollars from the government of the US, in addition to a counterpart contribution of $88.2 million that would come from the Salvadoran government, making a total of $365.2 million.

According to the Fomilenio II website, upon the finalization of the contract, the program had executed more than 100 interventions, divided into three larger project areas: 

The Human Capital Project, which primarily included the construction of schools, the creation of technical-vocational high school, and the training of teachers in different specialties. 

The Logistical Infrastructure Project, which included the widening of 28 kilometers of highway, improvements in a border checkpoint and other logistical infrastructure, as well as the automation of customs processes and procedures associated with foreign commerce. 

The Investment Climate Project, which led to a reported 15 private investment agreements, among which the training and certification of more than 900 aerospace technicians is notable, as well as the establishment of an irrigation system for agricultural production, and the implementation of six feasibility studies for the creation of “public-private” partnerships, among other investments. 

During the initial phase of Fomilenio II, this Investment Climate project was especially worrisome for many communities and social organizations because it had been announced that the focus would be on incentivizing private investment, simplifying commercial procedures, and making laws and regulations more flexible so as to enable private business to conduct business with as much ease as possible. 

Fortunately, the creation of public-private associations and the implementation of large-scale tourism projects was not carried out the way that had been feared. It is very possible that this was due to the fact that the private sector of the country was simply not yet ready to make these types of investments. 

A third Fomilenio could however unleash an offensive of projects associated with tourist infrastructure, which undoubtedly would provoke a large ecological impact in the fragile ecosystems on the Salvadoran coast. Nevertheless, everything indicates that a third Millennium Challenge Account contract is not likely to happen. 

This is the case first and foremost because there were irregularities in the final phase of Fomilenio II. As mentioned above, part of the contract required the Salvadoran state to assign counterpart funding to the project. In 2020 however, these funds were not included in the government’s national operating budget. For this reason, on September 9th, 2020, the Legislative Assembly assigned $55 million from a loan from the Inter-American Development Bank to honor the country’s commitment to Fomilenio II. But these funds did not end up going toward Fomilenio II because, according to the Executive Branch, led by young president Nayib Bukele, these funds had to be prioritized for attending to the Covid-19 pandemic. 

Subsequently, at the end of November, the Ministry of the Treasury of El Salvador, solicited the approval of $50 million from the Legislative Assembly to be assigned to Fomilenio II obligations. On November 26th, the Assembly approved—for the second time—the allocation of these funds, but this approval was vetoed by the President of the Republic, who argued that it would not be possible to obtain these funds from the financial source established by the legislators. 

In response to this controversy, the Millennium Challenge Account Corporation in El Salvador emitted a communique on December 1, 2020 that informed of the suspension of various projects and warned of the possibility that El Salvador might enter into the list of “countries that cannot honor their commitments,” given the country’s inability to allocate the necessary funds to Fomilenio II. And although the contract technically ended on September 9, 2020, a 120-day period had been established to enable the closing down of offices and final operations, so that all of the actual infrastructure projects would be done by January 2021. However, this communique also announced that given the Salvadoran government’s lack of allocation of funds, various projects would not be finished. 

But then, on December 24th, the Legislative Assembly, after a long debate, approved the country’s general budget for 2021. As a result, on January 20, 2021, the Ministry of the Treasury—together with Millennium Challenge Account officials—announced that the previously suspended projects would be restarted with funds from the Salvadoran Ministry of Public Works, and would be finished by the following April. 

In order to be eligible for a third Millennium Challenge Account however, the country was required to comply with at least 10 of a list of 20 indicators. In El Salvador’s last evaluation, it complied with 12 of the indicators, but the problem was that the indicator of “control of corruption and good democratic government”, was of obligatory compliance, and was not met. According to the resident director of the Millennium Challenge Account Corporation in El Salvador, Preston Winter, over the last four years, El Salvador has consecutively maintained a lack of control over corruption, thereby implicating both Bukele’s current government, and the previous government administered by Sanchez Ceren of the FMLN in acts of corruption. 

So although the contributions of this second Millennium Challenge Account contract for the coastal zone of El Salvador cannot be denied—the construction of infrastructure, the training of teachers, the improvements in logistics for private investment—these are measures that contribute little or nothing to poverty reduction. Rather, these measures deepen an economic model that for decades has generated poverty and inequality. In order to reduce poverty, social inequality must also be reduced, and this requires deep reforms to the tax system and effective measures to combat corruption, so that the Salvadoran state can leverage more resources for social investment. Universal access to quality education, effective health coverage, strategic support to family-based agriculture, protection of the environment, universal access to dignified housing, and the provision of quality basic services are all measures that would actually contribute toward significantly reducing poverty.

verdaddigital.com

Qué ha pasado con Fomilenio II, en El Salvador.

El gobierno de EEUU, como otras entidades con alcance trasnacional, como el Banco Mundial, El Fondo Monetario Internacional, y la Unión Europea, se han esforzado por décadas en las tareas de fomentar el desarrollo económico y la reducción de la pobreza en los países “del tercer mundo” o “en vías de desarrollo”.  Estados Unidos ha demostrado un interés especial en el desarrollo y la estabilidad de la región Centroamericana dado su proximidad y su consecuente importancia geopolítica. Como resultado, en países como El Salvador, se ha invertido miles de millones de dólares desde la década de los 60 en proyectos orientados a “fomentar el progreso”, “disminuir la pobreza”, “promover la democracia”, “consolidar la paz” y más últimamente “prevenir la violencia” y “erradicar la pobreza” mediante un modelo de desarrollo que busca incorporar el país en la economía mundial. 

Estas inversiones extranjeras—combinadas siempre con los esfuerzos organizados del pueblo salvadoreño han logrado ciertos avances en el bienestar de la población. Sin embargo, El Salvador sigue siendo un país con mucha pobreza, mucha violencia, un déficit democrático, y niveles nefastos de desigualdad económica. Es decir, el modelo de desarrollo dominante que se ha logrado consolidar en el país, ha beneficiado a pocos, mientras ha explotado, marginado, o expulsado a grandes mayorías. 

En vez de cambiar este modelo de desarrollo—que muchos llaman “neoliberal”, por privilegiar siempre un libre mercado por encima de otros intereses o factores—el cual sistemáticamente produce pobreza y fomenta la desigualdad en primer lugar, la reciente decisión de las instituciones de ayuda” extranjera de los EEUU, ha sido de incorporar más integralmente a los países receptores de fondos de ayuda en la responsabilidad de financiar y ejecutar programas de desarrollo económico y reducción de la pobreza: que los países pobres asuman con propiedad los procesos de su propio desarrollo. La idea de Los Estados Unidos es que si estos países tienen que invertir hacia sus propios caminos de desarrollo, ya no habrá tanto dinero desperdiciado, no habrá tanta corrupción, y los países pobres ya no serán pobres sino que se desarrollarían económicamente y serian contrapartes iguales en una economía mundial interconectada y mutuamente beneficiosa para todos los países, y ya no serian fuentes de inestabilidad, migrantes, y violencia. 

Así que durante la administración de George W. Bush a principios de los 2000, se empezó a implementar los Millenium Challenge Accounts (Cuentas de Reto de Milenio), al nivel global. Estas “cuentas” ya no eran simples donaciones desde la USA hacia los países en vías de desarrollo, sino contratos en que los países receptores de fondos tenían que poner fondos propios hacia proyectos de desarrollo que serian financiados mayoritariamente por EEUU. Además, los países receptores tendrían que cumplir con ciertos requisitos—como respeto a la libre expresión, procedimientos democráticos transparentes, eliminación de la corrupción entre otros. 

Dado su relación cercana con los EEUU, El Salvador fue escogido para recibir un primer contrato del Reto del Milenio, en 2007, bajo la administración de Tony Saca. Los fondos de este contrato fueron destinados a la zona norte del país, donde una mayoría del financiamiento estaría destinado a la construcción de una “carretera longitudinal” que conectaría la zona al resto del país, y a otros países vecinos para potenciar el comercio, la conectividad, y la progresiva inserción de El Salvador en la economía mundial. La implementación de este programa generó resistencia de muchas comunidades al norte del país que temían que los proyectos de infraestructura destruirían sus comunidades y sus fuentes de vida, como ríos, cuencas acuíferas, y terrenos agrícolas. Sin embargo, el proyecto fue llevado a cabo en su totalidad. Las comunidades más resistentes a la construcción de la carretera—que incluso la calificaban como un “proyecto de muerte”—al final lograron negociar una ruta aceptable para su construcción que evitara mayor destrozo social o ambiental. Desde el lado institucional, el gobierno salvadoreño logró cumplir con los requisitos, tantos financieros como institucionales. 

A finales de 2012, cuando El Salvador estaba terminando su primero contrato de Fomilenio, los gobiernos de El Salvador y Estados Unidos ya estaban negociando un segundo contrato—el Fomilenio II, y este último que estaría destinado a implementarse en la zona costera-sur. Ahí también, el objetivo sería reducir la pobreza mediante el crecimiento económico, y como meta incrementar la productividad y competitividad del país en los mercados internacionales. 

Fomilenio II empezó el 9 de septiembre de 2015 y finalizó el 9 de septiembre de 2020. Fue financiado con US$277 millones donados por el gobierno de los Estados Unidos, más una contrapartida de US$88.2 millones que deberían provenir del gobierno de El Salvador, haciendo un total de US$365.2 millones.

Según el sitio web de Fomilenio II, a la fecha de finalización del convenio reportaba haber trabajado en más de 100 intervenciones, divididas en tres grandes proyectos: 

  • Proyecto Capital Humano, que incluyó principalmente la construcción de escuelas, la creación de bachilleratos técnicos vocacionales y la capacitación de docentes en diferentes especialidades.
  • Proyecto de Infraestructura Logística, el cuál comprendió la ampliación de 28 kilómetros de carretera, mejoras en un reciento fronterizo y otra infraestructura logística, así como la automatización de procesos y trámites aduaneros relacionados con el comercio exterior.
  • Proyecto Clima de Inversión, como resultado de este proyecto se reporta 15 acuerdos de inversión privada, entre los que se destaca la formación y certificación de más de 900 técnicos en aeronáutica, construcción de plantas de tratamiento de aguas residuales, establecimiento de un sistema de riego para la producción agrícola y la realización de 6 estudios de factibilidad para la creación de asocios público privados, entre otras inversiones.

En la etapa inicial del Fomilenio, este proyecto Clima de Inversión fue de especial preocupación para muchas comunidades y organizaciones sociales, porque se anunció que la apuesta sería incentivar la inversión privada, simplificando trámites, flexibilizando leyes y regulaciones para permitir a la empresa privada, realizar negocios con todas las facilidades posibles. Afortunadamente la creación de asocios público privados y la implementación de proyectos de turismo a gran escala, no se llevó a cabo como se esperaba. Es muy posible que esto se deba a que el sector privado del país aún no estaba listo para realizar este tipo de inversiones.

Un tercer Fomilenio, si podría desencadenar una ofensiva de proyectos de infraestructura turística y de otro tipo, que indudablemente provocaría un gran impacto ecológico en los frágiles ecosistemas de la costa salvadoreña; sin embargo, todo parece indicar que una tercera intervención, tiene escasas probabilidades de suceder.

En primer lugar, porque se presentaron irregularidades en la etapa final del Fomilenio II. Como parte del convenio, el Estado salvadoreño debía asignar una contrapartida, el año 2020, pero esos fondos no fueron incluidos en el presupuesto general de la nación, por lo que el 9 de septiembre la Asamblea Legislativa asignó $55 millones provenientes de un préstamo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Para honrar dicho compromiso.  Pero esto no sucedió porque, según la versión del gobierno, los fondos se priorizaron para atender la pandemia por el Covid19.

Por lo que a finales de noviembre el Ministro de Hacienda, nuevamente solicitó a la Asamblea Legislativa la aprobación de $50 millones para el mismo fin. El 26 de noviembre la Asamblea aprobó, por segunda ocasión, dichos fondos, pero esta aprobación fue vetada por el Presidente de la República, argumentando que no era posible disponer de esos recursos, de la fuente de financiamiento establecida por los legisladores.

Ante esta controversia, El 01 de diciembre de 2020, FOMILENIO II emitió un comunicado informando la suspensión de varios proyectos y advirtió de la posibilidad de que El Salvador entre en la lista de “países que no pueden honrar sus compromisos”, por la no asignación de fondos. 

Si bien el convenio finalizó el 9 de septiembre de 2020, se establecía un periodo de 120 días para el cierre de oficinas y operaciones finales, por lo que todas las obras deberían ser concluidas en enero de 2021; sin embargo, en dicho comunicado se anunció que, por la falta de asignación de fondos, varios proyectos quedarían inconclusos.

Pero el 24 de diciembre la Asamblea Legislativa, después de un largo debate, aprobó el presupuesto general de la nación para el año 2021, por lo que el 20 de enero el Ministro de Hacienda, junto a funcionarios de Fomilenio anunciaron que se reanudarían los proyectos suspendidos, y que serían financiados con fondos del Ministerio de Obras Públicas, además se dijo que estos concluirían el próximo mes de abril.

En segundo lugar, para optar a un nuevo Fomilenio, se requiere que el país cumpla por lo menos 10, de una lista de 20 indicadores. En la última evaluación El Salvador cumple 12 de estos indicadores, el problema es que el indicador “control de corrupción y buena gobernanza democrática”, es de obligatorio cumplimiento y según el director residente de país de la Cooperación Reto del Milenio, Preston Winter, en los últimos cuatro años El Salvador ha mantenido de manera consecutiva un incumplimiento del control de la corrupción.

El Fomilenio I y Fomilenio II, han significado una contribución importante para El Salvador, especialmente en lo referido a la construcción de infraestructura y otras mejoras logísticas para la inversión privada. Sin embargo, estas son medidas que poco o nada contribuyen a reducir la pobreza, más bien profundizan un modelo económico que por décadas ha generado pobreza y desigualdad. Para reducir la pobreza, hay que reducir la desigualdad social, esto pasa por una reforma profunda del sistema tributario y por medidas efectivas de combate a la corrupción, de manera que el Estado pueda disponer de más recursos para financiar la política social. 

El acceso universal a una educación de calidad, una efectiva cobertura de salud, un apoyo decidido a la agricultura familiar, la protección del medio ambiente, el acceso universal a vivienda digna y la provisión de servicios básicos de calidad, constituyen medidas que si pueden tener un impacto significativo en la reducción de la pobreza.  

COVID 19, El Salvador Government, human rights, News Highlights, Public Health, U.S. Relations

President Nayib Bukele’s First Year (UPDATED)

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Español Abajo

On June 1, 2019 Nayib Bukele became the President of the Republic of El Salvador, ending three decades of bipartisanship in which the right-wing Nationalist Republican Alliance (ARENA) held the presidency for 20 years and the Farabundo Marti Libertation Front (FMLN) for 10 years. 

According to a May 24th opinion poll published in the Prensa Grafica, 92% of the population supports the president’s administration of the country.  Those polled recognized his main achievement being a notable improvement in the country’s security situation.

The official figures indeed reflect a decrease in the number of homicides in El Salvador, where the rate per 100,000 inhabitants went from 51 in 2018 to 35.8 in 2019. Since July 2019, the monthly number of homicides has remained below 200. January 2020 unfortunately suffered high homicide rates, yet even with 119 homicides and  a daily average of 3.8, it was still 60% less than January 2019. According to the government, these are the lowest figures since the 1992 Peace Accords.

While the government’s achievements aren’t being questioned, their performance sometimes is.  One of Bukele’s most criticized actions was the militarization of Parliament for a few hours, which lead the The New York Times to weigh in: “What Bukele did in February 2020, was a watershed in Salvadoran democratic history. After several weeks of discussing the legislative authorization to negotiate a 109 million dollar loan for his security plan with parliament members, a Bukele with the pretense of dictator addressed the Legislative Assembly with military and police in tow.”  

As expected, Ronald Johnson, the United States Ambassador to El Salvador reacted to the President’s  bold move by tweeting the next day: “I did not approve of the presence of @FUERZARMADA at @AsambleaSV yesterday and I was relieved that this tense situation ended without violence.  I now recognize the calls for patience and prudence.  I join all actors who are asking for a peaceful dialogue to move forward.” 

It should be noted that for the last three months, Bukele has ruled in the midst of the COVID-19 pandemic in a way that a large percentage of the population approves of. However, from the viewpoint of respected human rights organizations, there are serious concerns about the drastic measures being imposed in the name of public safety and the authoritarian ways being used to enforce them.

The United Nations High Commissioner for Human Rights, Michelle Bachelet, addressed the topic by stating: “International law allows governments to restrict some rights when faced with an emergency such as the one caused by COVID-19.  However, these measures must be necessary and proportional.  These must also be in accordance with the Constitution and international human rights norms and standards.  There must also be binding judicial and legislative oversight for the executive branch, and the executive must abide by it.  I am concerned that this has not been the case in El Salvador and that the government is therefore in breach of the fundamental principles of the rule of law.” 

President Bukele is currently in the spotlight for his involvement in a systematic confrontation with other State organs. The José Simeón Cañas University (UCA), recently published an evaluation of the government’s first year of administration, it is stated that: during the year, the President of the Republic spent more critical time fighting with the other organs of the State, especially with the opposition parties and the Legislative Assembly, than ruling the country. Another criticism is the lack of failing to follow through on concrete plans concerning the country’s major issues. Regarding this, the UCA indicated that: the plans announced by the President throughout the year on issues related to health, economic reactivation and the installation of the International Commission for the Fight against Corruption and Impunity in El Salvador (CICIES) did not materialize in reality.

On environmental issues, he has been criticized for the lack of any real plans and policies. According to a statement, recently published by a group of environmental organizations: In the current government, the environment policy is almost non-existent, we are very concerned that the budget of the Ministry of Environment was reduced despite the   ongoing destruction of valuable ecosystems, as if this institution plays an irrelevant role. 

Economically speaking, President Bukele did a great job to improve the economy, beginning in June 2019. According to the Salvadoran Foundation for Economic and Social Development (FUSADES), the Salvadoran economy will have a tendency to increase its dynamism in the second half of 2019, the perception on the investment climate, which after 10 years of unfavorable perception, saw a significant change in its trend from the second quarter of 2019. The same source establishes that the Salvadoran economy experienced an increase towards the end of 2019,  from 1.8% in the first two quarters of the year, to 3% during the third and fourth quarters. In general, almost all sectors recorded higher growth in the fourth quarter of 2019. In annual terms, economic growth for 2019 stood at 2.4%

This upward tendency of improvement was abruptly interrupted by the COVID-19 pandemic. While we fully acknowledge that this unfortunate reality is in many ways a  phenomena, we still see the importance in analyzing it since it will affect the future of the country for the years to come.

For example, in its most recent Economic Situation Analysis report, FUSADES highlights that among formal and informal employment activities, around 226,000 workers lost their jobs in April, which represents 7.5% of the total EAP. This figure exceeds the national unemployment rate. If people can’t earn income for two months, poverty would go from 30.9% to 42.5%, which implies that approximately 654,000 people would enter poverty. Similarly, if income loss extends to four months, poverty would rise to 51.4%.

In conclusion, we can say that El Salvador, like other impoverished counties, struggles greatly with political, social and economic challenges, which have historical and structural roots and make it difficult for a new government to achieve many things in their first year. That being said, 365 days is enough time to visualize the direction and style of governing and in the case of President Bukele, despite what is justifiably questioned, the vast majority of Salvadorans approve of his performance.


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Primer Año del Presidente Nayib Bukele

El 1 de junio de 2019, Nayib Bukele se convirtió en el presidente de la república de El Salvador, poniendo fin a tres décadas de bipartidismo en las que la derechista Alianza Republicana Nacionalista, ARENA ocupó la presidencia por 20 años y el FMLN durante 10 años. 

Transcurrido un año en el poder, según una encuesta de opinión, publicada el pasado 24 de mayo, el 92% de la población respalda la gestión del presidente. La población consultada le reconoce como el logro principal una notable mejora de la seguridad del país. 

Las cifras oficiales reflejan un descenso en el número de homicidios en El Salvador, donde la tasa por cada 100.000 habitantes pasó de 51 en el años 2018 a 35.8 en 2019. La tendencia a la baja es más notable desde que Bukele asumió la presidencia. Desde julio 2019, la cifra mensual de homicidios se mantuvo por debajo de 200. Siendo enero de 2020 uno de los meses récord, con 119 homicidios con un promedio diario de 3.8 (60% menos que el mismo mes del año anterior). Según el gobierno, se trata de la cifra más baja desde los Acuerdos de Paz de 1992.

En el sentido inverso de sus logros están los cuestionamientos a su desempeño. Una de las acciones mayormente criticadas fue la militarización, por algunas horas, del Parlamento, al respecto el periódico The New York Times publicó: “Fue un parteaguas en la historia democrática salvadoreña lo que hizo Bukele en febrero de 2020. Tras varias semanas de discutir con los diputados la autorización legislativa para negociar un préstamo de 109 millones para su plan de seguridad, un Bukele con ínfulas de dictador se tomó la Asamblea Legislativa con militares y policías.”

Como era de esperar, Ronald Johnson el Embajador de los Estados Unidos en El Salvador, reaccionó ante este hecho por twitter: “No apruebo la presencia de la @FUERZARMADA en la @AsambleaSV ayer y me sentí aliviado que esa tensa situación terminó sin violencia. Ahora reconozco los llamados a la paciencia y la prudencia. Me uno a todos los actores que están pidiendo un dialogo pacifico para avanzar.” 

Es de hacer notar que durante tres meses, Nayib Bukele, ha gobernado en medio de la pandemía por el covid19. En este sentido un amplio porcentaje de la población le reconoce un buen manejo de la crisis; no obstante, de parte de prestigiosas organizaciones de derechos humanos, hay serios señalamientos sobre las drásticas medidas impuestas y la forma autoritaria para hacerlas cumplir.

Sobre este tema, la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, expresó:El derecho internacional permite a los gobiernos restringir algunos derechos cuando se enfrentan a una emergencia como la causada por la COVID-19. Sin embargo, estas medidas deben ser necesarias y proporcionales. Estas deben además estar en concordancia con la Constitución y las normas y estándares internacionales de derechos humanos. También debe haber supervisión judicial y legislativa vinculante para el poder ejecutivo, y el ejecutivo debe acatarla. Me preocupa que este no ha sido el caso en El Salvador y que el gobierno está, por consiguiente, faltando a los principios fundamentales del estado de derecho.

Por otra parte, el presidente Bukele, se ha caracterizado por una sistemática confrontación con los demás órganos de Estado. En un editorial publicado por la Universidad José Simeón Cañas (UCA), con motivo de evaluar el primer año de gestión gubernamental, se afirma que, durante el año, el presidente de la República pasó más tiempo criticando y peleando con los demás órganos del Estado, especialmente con los partidos de oposición y la Asamblea Legislativa, que gobernando el país.

Otra de las críticas es la carencia de planes concretos que marquen el rumbo a seguir en los grandes temas de país, la misma institución académica señala: los planes anunciados por el presidente a lo largo del año en temas relacionados a la salud, reactivación económica e instalación de la Comisión Internacional Para el Combate de la Corrupción y la Impunidad en El Salvador (CICIES) no se concretaron en la realidad.

En el tema ambiental, igualmente se le ha recriminado la ausencia de planes y políticas: En el actual gobierno, la política de medio ambiente es casi inexistente, vemos con mucha preocupación que el presupuesto del Ministerio de Medio Ambiente fue reducido a pesar de la destrucción de valiosos ecosistemas, dicha institución está teniendo un rol irrelevante, Expresa un grupo de organizaciones ambientalistas, en un comunicado, publicado recientemente.

En el tema económico hay que reconocerle al presidente Bukele que el ritmo de la economía mejoró a partir de junio de 2019.  Según la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (FUSADES), la economía salvadoreña registró una tendencia a aumentar su dinamismo en la segunda mitad de 2019, la percepción sobre el clima de inversión, la que luego de 10 años de percibirse desfavorable, registró un cambio importante en su tendencia a partir del segundo trimestre de 2019.

La misma fuente establece que la economía salvadoreña experimentó un incremento hacia finales de 2019, pasando de 1.8% en los dos primeros trimestres del año, a 3% durante el tercero y cuarto trimestres. En general, casi todos los sectores registraron un crecimiento mayor en el cuarto trimestre de 2019. Con esto, en términos anuales el crecimiento económico para 2019 se situó en 2.4%.

Esa tendencia a mejorar se vio súbitamente interrumpida por la pandemia del covid19, por las medidas adoptadas para enfrentarla. Podría considerarse que esta realidad está al margen de la evaluación del primer año de gobierno del presidente Bukele; sin embargo, es importante analizarla ya que incidirá en el futuro del país para los próximos años.

Por ejemplo, en su informe más reciente sobre Análisis de Coyuntura Económica, en el tema del empleo FUSADES destaca que entre actividades formales e informales alrededor de 226 mil trabajadores podrían haber perdido su empleo a abril, lo cual significa el 7.5% del PEA total. Esta cifra supera la tasa de desempleo nacional.  Si los ingresos se pierden dos meses para las personas que se quedan sin trabajo, la pobreza pasaría de 30.9% a 42.5%, lo que implica que aproximadamente 654 mil personas entrarían a la pobreza. Asimismo, si la afectación sobre estas personas se extendiera cuatro meses, el porcentaje de pobreza se elevaría hasta 51.4%.

En conclusión, se puede afirmar que El Salvador, como todo país empobrecido presenta grandes desafíos políticos, sociales y económicos, que tienen raíces históricas y estructurales frente a los cuales, es muy poco lo que un gobierno puede lograr en un año; no obstante, es un tiempo suficiente para visualizar el rumbo y estilo de gobernar. Para el caso del presidente Bukele, a pesar de lo que justificadamente se le cuestiona, es notable que la gran mayoría de salvadoreños y salvadoreñas aprueban su desempeño.


https://www.laprensagrafica.com/elsalvador/Piden-al-presidente-Bukele-usar-bien-su-alta-aprobacion-20200524-0061.html

https://www.laprensagrafica.com/lpgdatos/Bukele-cierra-su-primer-ano-de-trabajo-con-alta-aprobacion-20200523-0072.html

https://www.laprensagrafica.com/internacional/Bukele-y-la-violencia-en-El-Salvador-cuanto-ha-influido-en-la-reduccion-de-homicidios-el-plan-de-seguridad-por-el-que-el-mandatario-militarizo-el-Congreso-20200218-0018.html

https://www.nytimes.com/es/2020/04/20/espanol/opinion/bukele-el-salvador-virus.htmlhttps://elfaro.net/es/202003/el_salvador/24110/La-historia-detr%C3%A1s-del-d%C3%ADa-en-que-Bukele-se-tom%C3%B3-la-Asamblea-Legislativa.html

El Salvador: Bachelet preocupada por la erosión del estado de derecho en medio de las medidas para la COVID-19

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COVID 19, Economy, El Salvador Government, International Relations, News Highlights

Los Números Rojos de la Economía Salvadoreña

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Por décadas la economía de El Salvador ha navegado en aguas turbulentas; las medidas de ajuste estructural a inicio de los noventa; la dolarización en 2001; el impacto de terremotos, huracanes y tormentas tropicales; y la corrupción han sido grandes dificultades que han generado pobreza y llevado al país a incrementar su deuda pública hasta el límite de lo insostenible. En febrero de 2020 la deuda era de 19,845.54 millones de dólares[1], ubicándose como el cuarto país de América Latina con más endeudamiento, solo precedido por Venezuela, Argentina y Brasil. Con estos números la deuda pública de El Salvador, antes de la pandemia alcanzaba el 71.8 %, con respecto a su Producto Interno Bruto[2].

Como es de suponer, la deuda se debe pagar, aproximadamente una sexta parte del presupuesto anual del Estado se destina a este propósito, solo para el segundo semestre de 2020, El Salvador deberá pagar 400 millones en concepto de amortización de diferentes prestamos. El impacto económico del COVID19 agrava la situación, por ejemplo: al inicio del año se tenía una proyección de crecimiento por el orden del 2.5%, los nuevos cálculos establecen que habrá un decrecimiento de menos 5%. Por otra parte, se estima una caída de las remesas del 17%, significa que el país dejará de percibir en concepto de ingresos un total de 990 millones de dólares[3].

El presupuesto para el ejercicio fiscal 2020, aprobado antes de la pandemia, fue de $ 6,426 millones, el cual presentaba un déficit del 11.7%, es decir que según las proyecciones del gobierno los ingresos no serían suficientes para cubrir todos los gastos y habría necesidad de gestionar créditos por $755.9 millones[5]. Con la nueva realidad el déficit se incrementa a $1,745.9 millones, sin considerar todos los gastos extraordinarios que está demandando la atención de la emergencia.

Para enfrentar esta situación el Parlamento ha autorizado al gobierno central para contraer deuda por 3,000 millones de dólares, pero debido a la crisis, el acceso a los mercados internacionales para colocar deuda se vuelve mucho más difícil y a intereses más altos; sin embargo, el gobierno ha comunicado como buena noticia el aval de un crédito por $550 millones con el Banco Interamericano de Desarrollo, BID y otro por $389 millones con el Fondo Monetario Internacional, FMI[6].

Una desventaja consiste en que estos organismos condicionan el financiamiento a exigencias de política fiscal para el futuro. En opinión de la reconocida economista Julia Evelyn Martínez, El Fondo Monetario Internacional no concede préstamos para ayudar a los pueblos en momentos de crisis, sino más bien aprovecha las crisis para que los gobiernos se comprometan a poner en marcha medidas fiscales y financieras que comprometen el futuro de los pueblos y que evitan que futuros gobiernos sucumban a la tentación de romper con el neoliberalismo.

Según Martínez el FMI ha recomendado al gobierno medidas como la disminución del gasto público en $900 millones a partir del año 2021, aumentar los impuestos a la gasolina y al diésel, aumentar el Impuesto al Valor Agregado, IVA y las contribuciones fiscales especiales, como el impuesto a las telecomunicaciones y reducir el pago de salarios en el sector público, por medio del congelamiento de plazas, suspender nuevas contrataciones y prohibir las jubilaciones anticipadas de empleados públicos.

Independientemente que el gobierno asuma estas recomendaciones, un hecho concreto es que con estos y otros préstamos adicionales de los que ya se escucha hablar, la deuda pública podría llegar hasta el 90% del Producto Interno Bruto; dicho en otras palabras, de cada dólar que se produzca en el país, ya se deben noventa centavos; lo que llevará al Estado salvadoreño a una situación fiscal crítica y por tanto, la inversión en educación, salud, vivienda, agua potable y cualquier tipo de subsidio a los sectores más empobrecidos, será extremadamente limitada.

[1] https://diario.elmundo.sv/deuda-publica-llego-a-20533-millones-en-el-primer-trimestre/
[2] PNUD, COVID19 y Vulnerabilidad: Unamirada desde la pobreza multidimensional en El Salvador, San Salvador 2020,Pág. 12
[3] Nelson Fuentes, Ministro de Hacienda, entrevista, Frente a Frente, Tele corporación salvadoreña, 12 de mayo de 2020.
[4] https://www.elsalvador.com/eldiariodehoy/presupuesto-2020-es-de-6426-millones-y-requiere-creditos-por-755-millones/645093/2019/
[5] Nelson Fuentes, Ministro de Hacienda, entrevistaFrente a Frente, Tele corporación salvadoreña, 12 de mayo de 2020–
[6] https://www.diariocolatino.com/neoliberalismo-disfrazado-de-ayuda/
 


El Salvador in the Red

For decades, El Salvador’s economy has sailed in troubled waters;  structural adjustment measures in the early 1990s;  dollarization in 2001;  the impact of earthquakes, hurricanes, and tropical storms;  and corruption have been huge challenges that have generated poverty and led the country to increase its national debt to an unstainable limit.

In February 2020, the country’s debt was $19,845 million ranking El Salvador the fourth country in Latin America, after Venezuela, Argentina and Brazil, with the highest national debt.  Before the pandemic even began, El Salvador’s dept reached 71.8%, with respect to its Gross Domestic Product (GDP).

As expected, this debt must be paid and approximately a sixth of the State’s annual budget is destined for this very purpose. For the second half of 2020, El Salvador will have to repay $400 million in different loans.

Unfortunately, the economic impact of COVID19 has only aggravated the situation. For example, at the beginning of the year, the economy was projected to grow by 2.5%, now new calculations project a decrease of -5%.  On top of that, a drop in remittances by an estimated 17%, means that the country will stop receiving a total of $990 million in annual income.

The 2020 fiscal budget, of $6,426 million was approved before the pandemic, and already presented a deficit of 11.7%. According to government projections, the income wouldn’t have been sufficient enough to cover all the year’s expenses and there would be a need to find and manage at least $755.9 million in loans.  With the new reality of a worldwide pandemic, the deficit has been increased to $1,745 million, this without even considering all of the extraordinary expenses that COVID19 related emergency care is currently demanding.

To face this situation, Parliament has authorized the central government to take on a $3 million loan, but since the crisis started, access to international market loans have become much more difficult and carry much higher interests rates than normal. Despite this, the government recently announced the endorsement of a loan for $550 million from the Inter-American Development Bank (IDB) and another for $389 million from the International Monetary Fund (IMF).

One disadvantage of being backed by these institutions, is that they make financing conditional on fiscal policy requirements for the future.  It’s the opinion of renowned Salvadoran economist, Julia Evelyn Martínez, that “the International Monetary Fund does not grant loans to help people in times of crisis, but rather takes advantage of crises so that governments commit to implement fiscal and financial measures that compromise both the nation’s future and prevents future governments from succumbing to the temptation to break with neoliberalism.”

According to Martínez, the IMF has recommended to the government measures such as: the decrease in public spending by $900 million starting in 2021, increasing taxes on gasoline and diesel, increasing the Value Added Tax (VAT) and other special tax contributions, such as the   telecommunications tax. It also proposes to reduce the payment of public sector wages, by way of freezing positions, suspending new hires and prohibiting early retirement for public employees.

Regardless of whether the government assumes these recommendations or not, a concrete fact is that with these and other additional loans that we are now hearing about, the public debt could reach 90% of our GDP.  In other words, for every dollar produced in the country, ninety cents are already owed. This will lead the Salvadoran State toward a critical fiscal situation that will result in extremely limited investments in education, health, housing, potable water and any type of subsidy previously offered to our most impoverished sectors of society.

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LA OTRA CRISIS EN EL SALVADOR

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“El Salvador Soberano Libre de Agrotoxicos y transgénicos”

A la desigualdad económica, violencia social y vulnerabilidad ambiental que se vive en El Salvador desde hace décadas, ahora se suma con toda su intensidad, el impacto en la salud pública y en la economía de la pandemia por el covid19.

El Banco Mundial estima que la economía de El Salvador se contraerá 4.3% y la pobreza aumentará 4% en 2020. El último dato publicado por el gobierno, indica que el 26.3% de los hogares ya viven en condición de pobreza; es decir que el covid19 puede hacer que la pobreza suba al 30% de los hogares salvadoreños, lo que equivale a más de 66 mil hogares que caeran en la pobreza.1

La razón principal de esta realidad es que las medidas impuestas por el gobierno para contener la pandemia ha afectado al 95% de las empresas y por lo menos el 60% reportan que ya no cuentan con dinero para pagar salarios, por lo que 350,000 empleos estan en riesgo inminente de perderse.2 Adicionalmente hay que tener en cuenta que el 72% de la economía salvadoreña es de carácter informal,3 y que este sector es el más golpeado por la pandemia.

Sumandose a la ya complicada situación, está la dependencia del país con respecto a las remesas. Más de 300 mil hogares, la sexta parte de la población, reciben remesas; en 2019 estas representaron el 21.3% del producto interno bruto de El Salvador. Para el 2020 se estima una caida por lo menos del 14% en este rubro,4 ya que Estados Unidos está registrando un récord histórico de desempleo en sectores donde laboran salvadoreños: restaurantes, comercio y construcción.

Sin duda la primera y más profunda manifestación de la crisis económica será en la alimentación. Sobre este tema el Director Ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos, de la Organización de las Naciones Unidas, ONU. David Beasley, recientemente dijo: “si no nos preparamos ahora podríamos enfrentar múltiples hambrunas de proporciones biblícas en unos pocos meses”.5 En El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua, incluso antes de la pandemia, la inseguridad alimentaria y nutricional se había incrementado y alcanzaba los 4.4 millones de personas; a consecuencia de la pandemia se estima que esta cifra podría duplicarse.6

Para el caso específico de El Salvador la seguridad alimentaria se ha visto afectada por diferentes factores, desde políticas de apertura comercial que arruinaron la agricultura campesina en décadas anteriores, hasta impactos del cambio climático que en los últimos años se ha manifestado en consecutivas y profundas sequías. En 2019, la falta de lluvias dejó pérdidas de producción del 61% y 55% en los cultivos de maíz y frijol. La disminución y en algunos casos la pérdida completa de los granos básicos dejó en crisis a muchas familias, sobre todo aquellas en donde la agricultura es la única fuente de ingresos para subsistir. Resultando en que 277,769 familias, especialmente del oriente del país, antes de la pandemia, ya se encontraban en graves problemas alimentarios.7

Esta situación puede agravarse, también porque El Salvador depende en muy alto grado de las importaciones de alimentos; por ejemplo, el 90% de las frutas y verduras provienen de países centroamericanos y de Estados Unidos. La carne de res, harina de trigo, arroz, maíz amarillo y lácteos, son otros de los productos que se importan en grandes proporciones. Un riesgo potencialmente grave es que los países productores restrijan sus exportaciones para enfrentar la caída de su producción y la alimentación de sus propios pueblos.

En tal sentido, es de extrema importancia asegurar la disponibilidad de alimentos básicos especialmente para la población más vulnerable, de lo contrario los indices de desnutrición se verán aumentados y el covid 19 será más fatal debido a la carencia de una alimentación adecuada.8

De momento, el gobierno salvadoreño está entregando dinero en efectivo para suplir la alimentación básica de un millón y medio de familias, además ha anunciado una serie de medidas económicas de beneficio a la empresa privada con el fin de aliviar los impactos en el empleo. Aunque se están tomando algunas medidas positivas, lamentablemente no son sostenibles porque su financiamiento depende de los préstamos y la capacidad de endeudamiento del estado salvadoreño que está llegando a su límite.

Todo parece indicar que la alternativa más viable es la producción agrícola familiar, de forma masiva en todo el país, cualquier espacio de tierra disponible, sea en la zona rural o urbana, en la costa o la montaña, debería utilizarse para producir alimentos saludables, de lo contrario, en el corto plazo, la comida comenzará a escasear, de forma realmente temible.

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A family farm in Morazán


THE OTHER CRISIS IN EL SALVADOR

Economic inequality, social violence and environmental vulnerability have been experienced for decades in El Salvador. Added now to this reality however, in all its intensity, is the impact that the current pandemic is having on public health and the economy.

The World Bank estimates that El Salvador’s economy will decrease by 4.3% and poverty will increase by 4% in 2020. The latest data published by the government indicates that 26.3% of households already live in poverty; that is to say that COVID19 can increase the rate to 30%, which is equivalent to more than 66,000 households, all falling into poverty.1

This is happening in part because the measures imposed by the government to contain the pandemic have affected 95% of companies and at least 60% of them report that they no longer have the money to pay wages, this means 350,000 jobs are at an imminent risk of disappearing.2 Also, what must be taken into mind is the fact that 72% of El Salvador’s economy is informal,3 the informal sector of course being the most affected during this pandemic.

Adding to this already complicated situation, is the country’s dependence on remittances. More than 300,000 households, or one-sixth of the population receive them. In 2019, these money transfers represented 21.3% of El Salvador’s GDP. For 2020, since the US is registering a historical record of unemployment in sectors where Salvadorans work i.e restaurants, commerce and construction, a drop in remittances of at least 14% is estimated.4

Undoubtedly, the first and most profound manifestation of the economic crisis will be the issue of food. On the subject, David Beasley, Executive Director of the UN World Food Program recently said, “If we don’t prepare now we could face multiple famines of biblical proportions in a few months.5 Even before the pandemic, 4.4million people in El Salvador, Guatemala, Honduras and Nicaragua, were already experiencing an increase in food and nutritional insecurity, and as a result of COVID19 this figure is estimated to double.6

In the specific case of El Salvador, food security has been impacted by distinct factors, from trade liberalization policies that ruined peasant agriculture in previous decades, to the impacts of climate change that in recent years has manifested itself in consecutive and deep droughts. In 2019, the lack of rains left production losses at 61% in corn and 55% in bean crops. The decrease and in some cases the complete loss of these basic crops left many families in crisis, especially those where agriculture is their only source of income. Last year’s drought resulted in 277,769 families, many from the eastern part of the country, experiencing serious food problems.7

Things can get worse because El Salvador depends to a very high degree on food imports; for example, 90% of fruits and vegetables come from other Central American countries and the US. Beef, wheat flour, rice, yellow corn, and dairy are other products that are imported in large quantities. A potentially serious risk is that the producing nations eventually restrict their exports to go and deal with their own reduction in production and to be able to feed their own people. In this sense, it is extremely important to ensure the availability of basic foods, especially for the most vulnerable populations, otherwise malnutrition rates will increase and COVID19 will prove more deadly due to an inadequate access to food.8

At the moment, the Salvadoran government is giving out cash aid to supply the basic needs of one million and a half families, and has also announced a series of economic measures to benefit private companies in order to alleviate the impact on employment. Although positive measures are being taken, they unfortunately are not sustainable because their financing depends on loans and the debt capacity of the Salvadoran state which is reaching its limit.

Everything seems to indicate that the most viable alternative is family agricultural production on a massive scale throughout the entire country. Any available land space, be it in rural or urban, coast or mountain, should be used to produce healthy food, otherwise, in a short period of time, food will become scarce in a really frightening way.


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MOVIAC Marches to Promote Agroecology in El Salvador


 

The organizations that make up the Movement of Victims Affected by Climate Change and Corporations (MOVIAC), took to the streets of San Salvador alongside environmental activists to create awareness about the negative impacts the indiscrimate use of Agrochemicals has on the health and safety of El Salvador.

According to MOVIAC, “Agroecology brings together sustainable and ancestral agricultural practices in order to unify the relationship between nature and humans and guarantee food saftey.”

Farmers, families, educators, leaders, young and old, marched together towards the Legislative Assembly to present a proposed law for the promotion of Agroecology, as a way to mitigate the impacts of climate change. They were met by senior government officials on the environmental committee and were able to submit the documents.

 


 

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